La película en cuestión nos relata el
descubrimiento del virus del sida en el río Ébola y la lucha del epidemiólogo
Don Francis para detener el creciente ascenso de “la enfermedad” en los Estados
Unidos. Este film nos acerca a la lucha de un equipo de médicos por conocer más
sobre el origen, las causas y los posibles tratamientos de una reciente y
desconocida enfermedad mortal en la década de los 80.
Al tiempo que nos va adentrando a la batalla
entre médicos y la enfermedad también vamos conociendo las bases necesarias de
investigación, en las cuales, planteando varios cuestionamientos fueron
llegando a ciertas hipótesis que se iban descartando o aceptando según la
indagación, la cual se daba mediante, búsqueda de documentación médica,
entrevistas a pacientes, y trabajo experimental. Cada miembro de la plantilla
médica sacaba sus conclusiones de forma individual y posteriormente en conjunto
se dedicaban a armar el complicado rompecabezas.
El caso en particular tenía un sinfín de
incógnitas como, el no saber si era un agente simple o la combinación de varios
factores, el no saber la forma de transmisión, etc. En un principio se le
confundió como una enfermedad exclusiva de las personas homosexuales, la
llamaron “cáncer gay” pero a medida que los casos iban aumentando también se
notaba que no sólo los afectaba a ellos, sino que incluso a heterosexuales, y
bebés.
La analogía del Pac Man con la
desaparición de las células “T” de los enfermos les da la idea de que algo se
come al sistema inmunológico de las personas. Se ve un gran trabajo en el área
de la Epidemiología, con el rastreo de casos y contactos de los pacientes
afectados a lo largo de todo el país. El trabajo, la colaboración internacional
y de distintos rubros (no solo médico sino de filántropos) en pro de lograr el
mismo objetivo. Sin embargo, y a pesar del gran esfuerzo se encuentran ante
varios obstáculos del desarrollo de la investigación. Una de ellas y la más preocupante
es la falta de medios económicos que destinaba el gobierno al proyecto, con la
cual se ven imposibilitados para seguir avanzando, a tal punto que los mismos
investigadores se encargan de aportar dinero de su bolsillo para continuar.
Al carecer de apoyo monetario aún
faltaban ciertas piezas para armar el rompecabezas como, las pruebas concretas
que demostraran las hipótesis. Los grandes bancos de sangre se negaron
inicialmente a invertir dinero en el análisis de donantes porque no tenían la
certeza de que fuera ese un medio de transmisión.
La comunidad homosexual y por supuesto,
los empresarios, se negaron al cierre de los saunas por no tener pruebas
exactas del contagio por las relaciones sexuales. Todos preocupados por la pérdida
de credibilidad y de sus medios de supervivencia, arriesgaron la vida de miles
de personas pasando de 160 casos en el año de 1981 a 4123 en solo tres años. Con el descubrimiento de que se trataba de un virus,
mejor conocido como retrovirus, el camino se hizo más fácil y la educación con
respecto a la enfermedad fue posible.
Sin embargo y para desgracia de muchos
más, aquí comienza la lucha de egos, que termina por cobrar más vidas, al tener
que lidiar con la negativa de Dr. Gallo, el cual se reusaba a trabajar en
conjunto con Francia, país que por su parte también se encontraba realizando
investigaciones sobre el virus.
La falta de
información y la misma desinformación jugó un papel clave en el contexto social
en el que se vivía, así como la censura del propio gobierno y la discriminación
explícita en la década de los 80.

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